Vagaba por un bucle temporal.

Crecía en todos y en ningún lugar al mismo tiempo. Estaba inscrito en el tiempo y en el espacio, en el movimiento, en la creación, en la desaparición e incluso en el renacer.

Era todo y era nada. Estaba en su mera existencia escrito el sentido de la vida en un universo valdío, carente de toda razón.

Allí estaba él. Sonriente. Con su impoluta perfección física, con su traje descompuesto, peculiar a su manera. Se balanceaba, divertido.

Vagaba por un bucle temporal.

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